Un desastre en la cocina (anécdota)

A una semana y pico del cumpleaños de mi hijo mayor, me agarró el ataque de nohiceuncarajo. Bueno, a decir verdad, faltaba toda una semana, teniendo ya el salón señado, la torta encargada, golosinas recién compradas, stickers y envoltorios listos para usar. Sólo faltaba armar el candy, los pinchos, las bolsitas, escribir las tarjetas y ya. Pero para mi, que suelo empezar meses antes de la fecha y tener todo listo con mucha anticipación, esto era un desastre.

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Mamá: quiero ser youtuber

¿Qué es esa nueva moda de los “mini-tubers”?
YouTube se ha llenado de niños pequeños que publican vídeos mostrando juguetes, jugando videojuegos o, simplemente, compartiendo su día a día. Pareciera que la vieja moda de las madres que deciden abrir blogs para compartir las aventuras y desventuras de su maternidad, a pasado a la historia. Ahora la moda es filmar a tus histriónicos hijos en su día a día y hacerlos estrellas de Youtube.
Y yo que aun no me atrevo a compartir fotos de mis hijos…
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Ojo al piojo…

Cinco años. Cinco años invicta llevaba. El sapitomayor jamás había tenido “visitas en su cabeza”, y eso que siempre se ha juntado con niños cuyos cabellos están más superpoblados que China. Tal vez por eso me relajé. Demasiado. Los piojos llegaron a mi vida maternal

En toda mi vida, sólo me he contagiado dos veces. Una por allá, por los 12 años, y otra ya de grande, cortesía de mi ahijada. Por eso, y con la experiencia de haber pasado el jardín sin problemas, llegué a pensar que mi hijos correrían con la misma suerte. Eso, sumado a la idea de que, siendo varones y teniendo el cabello corto, sería muy complicado albergar visitantes, hizo que no me preocupara mucho por el tema.

piojos
Cortesía Mamá Ilustrada

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Terribles 2 años – parte II (Help)

Y cuando hablan de terribles dos años, una piensa que exageran, que es sólo un mito, que no existen. Pues, si, existen ¡y si que son terribles! Lo peor de todo es que, no siempre, los terribles dos años se terminan al cumplir los tres. De hecho, mi hijo mayor, podría decirse, que empezó a superar esta etapa a los 4, aunque recién con 5 puedo decir, finalmente, que ¡se ha calmado! y hasta es todo un hombrecito. Aunque, claro, aun suele tener sus rabietas de vez en cuando, pero ahora por motivos que pueden considerarse un poco más razonables, como recibir un “no” como respuesta al pedido de que sus amigos vengan a casa.Debería estar feliz, debería. Pero, los terribles dos años para mi no se terminan, tienen continuidad, tal como los pañales (de los cuales todavía no he conseguido librarme). Y si de “terrible” hablamos, ahí esta mi segundo.

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leyes de murphy navideñas

Leyes de Murphy Navideñas

¡¡Buenas, buenas!! ¿Y de qué vamos a hablar en esta época si no es de la Navidad? Y como este pequeño espacio no esta ajeno al mundo, vamos a hablar de este tema tan redundante.
Si conocen las Leyes de Murphy, ¿verdad? Esas tan “optimistas” que, básicamente dicen que “si algo puede salir mal, va a salir mal”… Pues, bueno, vamos a aplicarlas a la Navidad, porque en esta época de paz y amor, en el afán de que todo sea perfecto, muchas cosas nos pueden salir mal. Ah! Pero eso si, en este post nada va a malir sal… Ouch… (chiste viejo, lo sé, xD)

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El libro del bebé

 Cuando una mujer sabe que va a ser mamá por primera vez, quiere que su hijo tenga todo, que nada le falta. Y, entonces, se le ocurre comprar tantas boludeces cosas que no tienen demasiado sentido. ¿No pasó? No me digas que no. Siempre digo que, si tuviera más dinero, sería una compradora compulsiva, pero la limitación de mi sueldo y el vivir en un país con historia hiperinflacionario me lo impide.

Aun así, para mi primer hijo lo quería todo. Dos cochecitos, uno de paseo y un paraguitas, y la mochila de porteo, claro, (la que nunca utilicé por fracasar totalmente en la elección, es que por aquellos tiempos no estaba a este mundo de la , maternidad 2.0). Cuna y catre, y un cuarto redecorado especialmente para su llegada, con todo (absolutamente todo) de Winie Pooh. Hasta el termómetro para el agua me compre, el que, por cierto, nunca usé. Uf, si tuviera que hacer una lista de las cosas que compre al dope.

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treinta primaveras

Treinta Primaveras

Y ya está aquí, ya llegó. Esa edad en la que debía empezar a preocuparme por no repetir la diabetes/insuficiencia de insulina que tuve en mi primer embarazo. Esa edad en la que las cremas antiarrugas empiezas a formar parte de mi lista de compras cada mes. Esa edad en la que comer sano es mandamiento supremo.  Esa edad en la que empezás a ver el sedentarismo como tu peor enemigo y evalúas, esta vez en serio, la posibilidad de anotarte en un gimnasio. Esa edad en la que, al adelgazar, empezás a temer por como luce tu rostro. Si, señoras, los 30 están aquí, han llegado a mi vida. Y he comenzado a reemplantearme unas cuantas cosas, como empezar a comer de manera decente de una vez por todas o, ¡hasta considerar la posibilidad de comenzar a hacer algo de actividad física! (claro, a estas alturas, con hacer dieta ya no alcanza y el cuerpo empieza a pasar factura del sedentarismo crónico) Pero, más allá de que esté empezando a engrosar mi stock de cremas antiarrugas, hay otras cosas que me he replanteado. Entre ellas, este blog.

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embarazo

Cosas que (no) escuchar

El embarazo es una etapa tan linda. Sin embargo, una tiene que soportar escuchar cada comentario cuando está embarazada… Y es que de repente, todo tu entorno, e incluso los desconocidos, se convierten en expertos en el tema. Entonces cae la lluvia de consejos, de sugerencias, de opiniones, de ¡mitos!… Y una tiene que escuchar todo lo que los demás dicen con la mejor cara posible… pero, si hacemos caso a todo lo que nos dicen cerca estaríamos de volvernos locas…

No es que me crea la melassetodas o no quiera escuchar consejos de nadie, pero creo que cada una tiene derecho a vivir su embarazo (y su vida) como mejor le parezca y los demás nos tienen porque opinar. Y entonces escuchas comentarios como: “aprovecha a dormir ahora porque cuando nazca…” o “¿sabes todo lo que te falta bajar esa panza?

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De como convertirse en el número 1

Existen dos razones por las que he estado tan ausente de este pequeño espacio, y del mundo 2.0 en general. La primera es que he vuelto al detestable mundo de la relación de dependencia, a vender mi fuerza laboral al burgés, a cambio del vil metal. La segunda es que Sapito Mayor, (de aquí en adelante, mi Barovero, ya veremos por qué), entrena y juega al deporte favorito de todo argento, a la pasión de multitudes… y juega, todos los días… Todas las noches, mejor dicho, por lo que llego de la esclavitud, me digno a tomar un par de mates y nos vamos para el club.

Ya contaba en este post, las primeras incursiones de mi Barovero en el mundo del fútbol. También contaba como lo veía más cerca de ser las mascota del equipo. Bueno, mascota, aguatero o alcanzapelotas, cualquier puesto le hubiera quedado bien.

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A oídos sordos…

Los hisopos son malos consejeros, y malos compañeros. Si había dejado de usarlos desde que mi sapito mayor en tenía año y medio, ¿cómo podía tener un incidente de este tipo? Resulta que el pibe se tiró a lo bestia (cosa habitual en él) sobre el sillón de la sala, con el hisopo en el oído. Si, del lado que tenía el hisopo. Resulta que el pibe disfruta mucho limpiarse los oídos él mismo con el hisopo, y si intento hacerlo yo, hace un escándalo tal que los vecinos podrían llegar a pensar que se está por desatar la tercera guerra mundial. Y una, como buena #MalaMadre que es, prefiero dejarlo a tener que escucharlo. Mal hecho, muy muy mal hecho. Pues, el pibe es tan rápido, que no llegás a gritarle (y aquí no olvidamos del Rinoceronte Naranja), “¡¡No te tires con–!!, que ya está llorando porque se enterró el hisopo en el oído.

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