Esa imaginación que siempre le había permitido visitar mundos maravillosos sin moverse de la comodidad de su casa. Esa imaginación que le había permitido tener las mejores amigas, imaginarias.

La que le permitía convertirse en un pez y recorrer los lugares más recónditos del océano. La que le permitía imaginar que sus juguete o su comida hablaba y hasta le permitía mantener una conversación con un pepino. La que le permitía convertir su casita en un castillo rodeado de hermosos lagos. La que le permitía pensar que dentro de su armario había todo un mundo mágico y hasta le permitía visitarlo de vez en cuando.

Lo único que importaba es que ella quería seguir viviendo en ese mundo de fantasías.Aun de grande seguía siendo así… Esa imaginación que, muchas veces, hizo que la juzguen de desquiciada, hoy la había convertido en la escritora infantil más reconocida y más leída.

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