Húmedo, pero cálido a la vez. Apretado, pero cómodo a la vez. Oscuro, pero reconfortante.

¿Como saber que estaba listo? ¿Como dejar ese lugar? Su lugar, el único que había conocido, el lugar en el que se encontraba a salvo, feliz. El lugar en el que todo tenía.

La presión regresó. Una nueva contracción. El momento estaba cerca. Sus manos juguetearon con el cordón.

El mundo del otro lado asustaba. Lo desconocido siempre asusta. Ya no estaría en un lugar cálido y seguro. Ya no escucharía sus latidos.

Una nueva contracción. Era el momento, su momento. Despertar. Y ya nada volvería a ser a ser como antes.

Una luz brillante lo enceguecio. No había humedad, pero hacía frío. Podía moverse libremente, pero no se sentía acogido. La luz brillante lo molestaba.

Ella lo tomó en sus brazos y lo puso en su pecho. Escucho sus latidos. Tenía suerte de tenerla

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