A oídos sordos…

Los hisopos son malos consejeros, y malos compañeros. Si había dejado de usarlos desde que mi sapito mayor en tenía año y medio, ¿cómo podía tener un incidente de este tipo? Resulta que el pibe se tiró a lo bestia (cosa habitual en él) sobre el sillón de la sala, con el hisopo en el oído. Si, del lado que tenía el hisopo. Resulta que el pibe disfruta mucho limpiarse los oídos él mismo con el hisopo, y si intento hacerlo yo, hace un escándalo tal que los vecinos podrían llegar a pensar que se está por desatar la tercera guerra mundial. Y una, como buena #MalaMadre que es, prefiero dejarlo a tener que escucharlo. Mal hecho, muy muy mal hecho. Pues, el pibe es tan rápido, que no llegás a gritarle (y aquí no olvidamos del Rinoceronte Naranja), “¡¡No te tires con–!!, que ya está llorando porque se enterró el hisopo en el oído.

Continue Reading