Un desastre en la cocina (anécdota)

A una semana y pico del cumpleaños de mi hijo mayor, me agarró el ataque de nohiceuncarajo. Bueno, a decir verdad, faltaba toda una semana, teniendo ya el salón señado, la torta encargada, golosinas recién compradas, stickers y envoltorios listos para usar. Sólo faltaba armar el candy, los pinchos, las bolsitas, escribir las tarjetas y ya. Pero para mi, que suelo empezar meses antes de la fecha y tener todo listo con mucha anticipación, esto era un desastre.

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Ojo al piojo…

Cinco años. Cinco años invicta llevaba. El sapitomayor jamás había tenido “visitas en su cabeza”, y eso que siempre se ha juntado con niños cuyos cabellos están más superpoblados que China. Tal vez por eso me relajé. Demasiado. Los piojos llegaron a mi vida maternal

En toda mi vida, sólo me he contagiado dos veces. Una por allá, por los 12 años, y otra ya de grande, cortesía de mi ahijada. Por eso, y con la experiencia de haber pasado el jardín sin problemas, llegué a pensar que mi hijos correrían con la misma suerte. Eso, sumado a la idea de que, siendo varones y teniendo el cabello corto, sería muy complicado albergar visitantes, hizo que no me preocupara mucho por el tema.

piojos
Cortesía Mamá Ilustrada

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El libro del bebé

 Cuando una mujer sabe que va a ser mamá por primera vez, quiere que su hijo tenga todo, que nada le falta. Y, entonces, se le ocurre comprar tantas boludeces cosas que no tienen demasiado sentido. ¿No pasó? No me digas que no. Siempre digo que, si tuviera más dinero, sería una compradora compulsiva, pero la limitación de mi sueldo y el vivir en un país con historia hiperinflacionario me lo impide.

Aun así, para mi primer hijo lo quería todo. Dos cochecitos, uno de paseo y un paraguitas, y la mochila de porteo, claro, (la que nunca utilicé por fracasar totalmente en la elección, es que por aquellos tiempos no estaba a este mundo de la , maternidad 2.0). Cuna y catre, y un cuarto redecorado especialmente para su llegada, con todo (absolutamente todo) de Winie Pooh. Hasta el termómetro para el agua me compre, el que, por cierto, nunca usé. Uf, si tuviera que hacer una lista de las cosas que compre al dope.

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De como convertirse en el número 1

Existen dos razones por las que he estado tan ausente de este pequeño espacio, y del mundo 2.0 en general. La primera es que he vuelto al detestable mundo de la relación de dependencia, a vender mi fuerza laboral al burgés, a cambio del vil metal. La segunda es que Sapito Mayor, (de aquí en adelante, mi Barovero, ya veremos por qué), entrena y juega al deporte favorito de todo argento, a la pasión de multitudes… y juega, todos los días… Todas las noches, mejor dicho, por lo que llego de la esclavitud, me digno a tomar un par de mates y nos vamos para el club.

Ya contaba en este post, las primeras incursiones de mi Barovero en el mundo del fútbol. También contaba como lo veía más cerca de ser las mascota del equipo. Bueno, mascota, aguatero o alcanzapelotas, cualquier puesto le hubiera quedado bien.

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A oídos sordos…

Los hisopos son malos consejeros, y malos compañeros. Si había dejado de usarlos desde que mi sapito mayor en tenía año y medio, ¿cómo podía tener un incidente de este tipo? Resulta que el pibe se tiró a lo bestia (cosa habitual en él) sobre el sillón de la sala, con el hisopo en el oído. Si, del lado que tenía el hisopo. Resulta que el pibe disfruta mucho limpiarse los oídos él mismo con el hisopo, y si intento hacerlo yo, hace un escándalo tal que los vecinos podrían llegar a pensar que se está por desatar la tercera guerra mundial. Y una, como buena #MalaMadre que es, prefiero dejarlo a tener que escucharlo. Mal hecho, muy muy mal hecho. Pues, el pibe es tan rápido, que no llegás a gritarle (y aquí no olvidamos del Rinoceronte Naranja), “¡¡No te tires con–!!, que ya está llorando porque se enterró el hisopo en el oído.

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En el bondi.

Aun recuerdo cuando viajar en colectivo, o en tren, esa todo un espectáculo para mi. Adoraba los viajes largos en tren. Si, claro, seguramente era porque nunca había viajado en la hora pico

La ciudad cada día está más imposible. Y una se tiene que enfrentar todos los días al tránsito de BuenosAiresQuerido. O, mejor dicho, tiene que sufrir en tránsito de BuenosAiresQuerido. Y a los accidentes, los cortes por mejoras y los piquetes.

Recuerdo que hace un tiempo (un par de años, no estoy hablando de mi infancia), llegaba a la facultad en una hora y media, como mucho, arriba del colectivo.
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Compras de última hora

¿No tienen la sensación de que todo el mundo se acuerda de que tiene que hacer las compras navideñas a último momento? Un día, dos días antes. Copando shoppings el 23 hasta las 3 de la mañana, o el mismo 24 por la mañana. Si tenes que comprar algo en esos días, armate de paciencia para comerte horas de cola y tropezarte con cientos de personas.

 

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